Alejandro Maglione, Periodista Argentino «El dulce de leche–manjar blanco- podía ser originario de Chile»

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¿Cuando decidiste trabajar en el vino?

En realidad no hay una fecha precisa acerca de cuándo decidí trabajar con el vino. Mi abuelo, Francisco Maglione, fundó la primera bodega champañera de la Argentina en la provincia de San Juan en 1912. Se llamó: Bodegas y Viñedos Saint Rémy, que produjo por lustros el champagne Duc de Saint Rémy, que fuera icónico en la Argentina. En mi casa era natural que se probaran año tras años los que serían los vinos base de la próxima producción. 

Alejandro Maglione

Ciertamente, mi tío y mi padre, no comprendieron lo que significaría el que la primera operación fuera de Francia de las bodegas Moët Chandon fuera en nuestro país en 1960. Ese “no darse cuenta” les costó perder su bodega caminando los años ’80.

Cuéntanos tu trayectoria laboral, donde y cuando has trabajado

Según la Academia Argentina de la Gastronomía soy el Mejor Periodista Gastronómico de nuestro país, reconocimiento que lamento que no se haya vuelto a otorgar después del 2015 a ningún otro colega, siendo que pienso que hay quienes ameritan recibirlo.

Diría que formalmente comencé en 1983 con la Revista “Cuisine & Vins” que fundáramos con Miguel Brascó, que fue única en su tipo. La dirigí mientras pude, porque simultáneamente era Presidente y Director General de una empresa de tarjeta de crédito regional. (con esa tarjeta, Carta Credencial, tuve intensas negociaciones con la Bancard de Chile y su entonces Gerente General, don Sebastián Piñera.)

Finalmente vendí mi empresa de tarjetas de crédito y me puse a escribir para el diario La Nación y otros medios, allá por el 2003. Simultáneamente colaboré a fundar otras dos publicaciones: “Vinos y Sabores”, hoy desaparecida, y “Vinicius” –una publicación sobre la buena vida única en su tipo en América latina- y que cumplió ya 10 años de vida.

Otro tanto ha sucedido con mi programa de radio “La Isla de los Sibaritas”, que acaba de cumplir 10 años ininterrumpidos en el aire. Tengo varias columnas en radios de todo el país, que me llaman semanalmente a comentar sobre los temas que me competen.

Alejandro Maglione

Me defino como un periodista enogastronómico –término que sospecho fui el primero en usar en los años ’80, pero me olvidé de registrarlo Lo que me caracteriza es intentar eludir escribir sobre los que todos escriben. Acá el periodista gastronómico siente que una de sus principales funciones es ir a conocer restaurantes, o, desafortunadamente, ocupan sus espacios publicando gacetillas que les envían las bodegas. Suelo ser áspero al sostener que muchos “colegas” tienen dificultad para definir la diferencia entre omelet y tortilla, y peor aún, si los apuras, tienen dificultad para distinguir vinos blancos de tintos puesto a la misma temperatura y en copas negras… También me defino como un investigador de la historia gastronómica y adoro escribir sobre esos temas.

Son muchos los productos y platos de Latino América que tienen una historia interesante y que merece ser contada. Un historiador de la economía se sorprendió cuando conté que posiblemente una de las causas de que María Antonieta perdiera su cabeza fue que no escuchó al Dr. Parmentier cuando intentó convencerla de que estimulara el cultivo de la papa para consumo del hambreado pueblo francés. O el escándalo que se armó cuando dije que el dulce de leche –el manjar blanco- podía ser originario de Chile, porque allá se conserva una receta de fines de siglo XVIII y nosotros seguimos con la leyenda que fue un error de la cocinera de Juan Manuel de Rosas. Esos temas me encantan. Amén de que soy un convencido de que la gastronomía es una pieza fundamental para conocer un país, una región e incluso una civilización.

Mi trayectoria laboral comienza con el ejercicio de mi profesión de abogado (coincidió con varios periodistas gastronómicos de fama que también son o fueron abogados). Luego fundo y gestiono durante más de 25 años mi tarjeta Carta Credencial. Integré numerosos directorios de empresas, e incluso el Directorio de uno de los principales institutos de formación gerencial, IDEA (Instituto para el Desarrollo Empresarial de Argentina). Fundé la Cámara Argentina de Comercio Electrónico, como asimismo la Cámara de Tarjetas de Crédito, que también presidí. Integré la Junta Directiva de la Cámara Española de Comercio de Argentina. También fundé y presido la Asociación de Amigos de la Patagonia.

En Medellín colaboré a fundar la Asociación de Periodistas Gastronómicos de Latinoamérica (APEGLA) que tengo el honor de presidir. Y largo, larguísimo etcétera, porque como Pablo Neruda siento que puedo decir “Confieso que ha vivido”. Hoy transcurro como periodista todo terreno que se mueve mucho por el mundo y América Latina en particular. Mis andanzas me llevaron el año pasado terminar dando una charla en Puerto Montt para la universidad local, y luego irme unos días con Bernardo Roca Rey, el organizador de MISTURA,  a la casa que tiene Coco Pacheco en Chiloé. Creo que nunca bebí y comí como en esas horas.

¿Cuál es la principal oportunidad que ves en los Vinos Argentinos actualmente?

Creo que la oportunidad de los vinos argentinos hoy está dada por causas ajenas a la voluntad de quienes lo producen: un cambio muy favorable. La promoción de las exportaciones tuvieron un desarrollo realmente importante desde los años ’90 pero ahora se han estancado desde hace un tiempo. Quizás deberían nuestros bodegueros comprender que los vinos a promover son todos, el tan mentado “entry level” y los vinos de alta gama. Pero pareciera que nos atrae solo intentar salir con los vinos de gama media y alta, olvidándonos que Chile recorre todos los segmentos del mercado. Un ejemplo de distracción es que Argentina se ocupa poco y nada del creciente mercado latinoamericano. Le vendemos a Brasil porque tenemos el MERCOSUR, pero estamos ausentes de exposiciones como “Maridaje” que se hace habitualmente en Medellín. Otra cosa que tiene que hacer la Argentina es promover las otras cepas que tiene el país y que son bien apreciadas en el exterior como el Torrontés. Estamos en un punto que debemos darnos cuenta que el Malbec ha sido una llave estupenda para abrirnos mercados, pero que éstos esperan más de nosotros. Más variedad con igual calidad.

¿Crees que Bodegueros Argentinos deberían producir vinos en Chile?

Estoy absolutamente convencido de que los bodegueros argentinos tienen que producir vinos en Chile, como tantos chilenos lo están haciendo –con éxito- en la Argentina. Ignoro los detalles de las facilidades para que extranjeros produzcan en Chile. También deberán adaptarse a producir en condiciones de humedad que no son las que ofrecen regiones como Mendoza o San Juan. Pero lo interesante para ellos será tomar contacto con lo que significa trabajar en un país donde se privilegia el “clima de negocios”. Por haber vivido en Sao Paulo un tiempo, y haber podido conocer de cerca el mundo de los negocios en Chile, es tan notoria la diferencia con lo que pasa en la Argentina, que justamente el contacto con ese entorno podría ayudar enormemente. Luego vienen las consecuencias lógicas: salir juntos a exportar y captar mercados. Algún día deberemos ponernos de acuerdo acerca de hasta donde competir y hasta donde compartir. Seguro que ganaremos los dos países.

¿Como se ha desenvuelto la Eno-Gastronomía, que opinas de los conceptos creados por Argentina?

Acá debemos diferenciar la enología, el negocio del vino, de la gastronomía. Es evidente que la Argentina en general, y Buenos Aires en particular, está realizando un gran esfuerzo por recuperar la fama que supo tener como punto de referencia de la región como destino del turismo gastronómico. Hay países en los que es normal, después de haberlos visitado, que nuestros amigos nos pregunten “¿y qué has comido?”, en cambio, hay otros en que la curiosidad se limita a las particularidades de la ciudad o país que visitamos. Hoy el ejemplo de Lima o Méjico merecen ser imitados. A pesar de la estupenda gastronomía que hay en algunos lugares, es raro que al regresar de una estadía en el Brasil nos pregunten sobre su comida. No puedo regresar de Chile sin que me pregunten si disfruté de sus pescados y mariscos. Fue increíble que Angela Merkel llegara a la última reunión del G20 en Buenos Aires y pidiera ir a comer a la Parrilla “Don Julio” que está rankeada mundialmente en los 50 Best en el lugar 55 y de América Latina en el 34. El gran chef ecuatoriano que fuera Gino Molinari, que amaba Buenos Aires, en sus visitas solía insistirme que envidiaba que aquí se comiera cocina argentina pero además se pudieran encontrar cocinas de distintas partes del mundo. A veces ni nosotros nos damos cuenta de esta realidad. En un gran libro de cocina chilena un día leí que su autor se lamentaba con esta frase “siento envidia cuando me asomo por encima de la cordillera y veo que nuestros vecinos tienen una empanada por provincia, mientras nosotros tenemos a nuestra querida encebollada de norte a sur…”. La cocina argentina, como tantas del mundo, es el conjunto de sus variadas cocinas regionales, en buena parte desconocida hasta para los propios argentinos, que se dejan seducir por la cocina de Buenos Aires, que mayormente no es otra cosa que el resultado de la denominada “cocina que bajó de los barcos”.

andes@andeswines.com

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